La Fisioterapia: Un Pilar Fundamental Contra la Fragilidad en la Vejez

La fragilidad, un estado de vulnerabilidad creciente que afecta a muchos adultos mayores, se ha convertido en una preocupación primordial de salud pública. Este fenómeno dinámico, que precede a la discapacidad y la dependencia, es susceptible de prevención y reversión. En este contexto, el ejercicio terapéutico emerge como una herramienta indispensable, cuya aplicación se sustenta en una sólida base científica.

La Fisioterapia como Escudo Contra la Fragilidad en la Tercera Edad

En marzo de 2026, expertos como Jorge Moreno Molina y María Fernández Muñoz, miembros del Grupo de Trabajo de Fisioterapia de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), resaltaron la relevancia de la fisioterapia en la lucha contra la fragilidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2025, había definido la fragilidad como un deterioro progresivo de los sistemas fisiológicos, que conlleva una disminución de la capacidad intrínseca y una mayor susceptibilidad a eventos adversos de salud, como caídas y hospitalizaciones.

La prevalencia de la fragilidad es notable, afectando a un 12% de los adultos mayores que residen en sus hogares y a un 45% en otros entornos. Ante esta realidad, se han implementado estrategias a nivel nacional y europeo para identificar y abordar esta condición, con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas mayores y mitigar las consecuencias sanitarias, económicas y sociales.

En España, el Ministerio de Sanidad, en su actualización de 2022, aconseja la evaluación de la fragilidad en la atención primaria para individuos mayores de 70 años con un índice de Barthel superior a 90. Las pruebas de ejecución, como el test SPPB o la medición de la velocidad de marcha, son los métodos preferidos para esta detección. Sin embargo, su uso es limitado, lo que a menudo lleva a intervenciones basadas en una alta sospecha tras una valoración geriátrica integral.

La esencia de la fragilidad radica en la disminución gradual de la masa y la funcionalidad muscular, creando un círculo vicioso de inactividad física y mayor fragilidad. Romper este ciclo mediante el ejercicio terapéutico es crucial para evitar la progresión hacia la discapacidad.

Existen diversas modalidades de ejercicio, incluyendo el aeróbico, que activa grandes grupos musculares y mejora la función cardíaca, y el de fuerza, destinado a incrementar la potencia y resistencia muscular. El ejercicio multicomponente, que combina elementos aeróbicos, de fuerza, equilibrio y flexibilidad, ha demostrado beneficios significativos en la prevención de caídas y la gestión de la fragilidad, incluso en pacientes hospitalizados. Las directrices de la OMS de 2020 recomiendan para los adultos mayores al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada y ejercicios de fuerza dos veces por semana, además de actividades multicomponente.

La prescripción de ejercicio terapéutico para adultos mayores frágiles debe ser individualizada y progresiva, comenzando con ejercicios de fuerza para facilitar la movilidad, seguido de la reeducación del equilibrio y, finalmente, actividades de marcha y resistencia. El objetivo es mejorar la funcionalidad y la independencia en las actividades diarias, siempre bajo la supervisión de fisioterapeutas que consideren las condiciones de salud específicas de cada persona.

La integración del ejercicio terapéutico en la atención sanitaria de los adultos mayores es fundamental para promover un envejecimiento saludable y activo. Este enfoque no solo mejora la calidad de vida, sino que también representa una estrategia eficaz para mitigar los desafíos que la fragilidad impone a la sociedad.