Ana Ibáñez: Potencia tu Cerebro para el Bienestar y la Salud Mental

En su reciente obra, la distinguida neurocientífica Ana Ibáñez nos invita a explorar el potencial inherente de nuestro cerebro para alcanzar un estado óptimo de bienestar. A través de sus directrices, se revela cómo la clave para desbloquear esta capacidad radica en la experiencia del disfrute, un factor que, según sus investigaciones, amplifica las habilidades cognitivas y emocionales del individuo. Este enfoque innovador busca empoderar a cada persona en su camino hacia la transformación personal, enfatizando la importancia de una mente sana y resiliente.

La obra más reciente de Ana Ibáñez, titulada "Neurociencia para la vida real" (Planeta), profundiza en diez principios fundamentales diseñados para la ejercitación cerebral, con el propósito de fomentar un mayor estado de bienestar y salud mental. Durante una entrevista, la científica resaltó cómo aspectos como la confianza en uno mismo, el afecto, la risa contagiosa, una actitud optimista y la energía vital son elementos cruciales en este proceso. Este libro surge como continuación de su anterior publicación, "Sorprende a tu mente", que abordaba desafíos cerebrales comunes. Las preguntas formuladas por los lectores de su primer trabajo, relativas a la superación de la autocrítica, la gestión emocional y el apoyo a la autoestima infantil, han sido el motor para la creación de esta nueva guía, ofreciendo soluciones prácticas basadas en su rigurosa labor en el laboratorio.

Entre los diez pasos que la Dra. Ibáñez propone para una salud cerebral integral, resalta la máxima de "hacer posible lo que parece imposible". Ella enfatiza que para inducir un cambio en nuestra conducta, pensamientos o emociones, es fundamental presentarlo de manera atractiva al cerebro. Este órgano requiere una considerable cantidad de energía para adaptarse a nuevas situaciones, y sin una motivación adecuada, el proceso se torna arduo. Sin embargo, cuando la mente percibe la viabilidad de un objetivo, comienza a trazar el camino para su consecución. Ibáñez aclara que esto no implica que cualquier meta sea alcanzable, sino que aquellas barreras que consideramos infranqueables merecen ser reevaluadas, ya que con los pasos correctos, su superación es más factible de lo que imaginamos. A menudo, nuestras aspiraciones más profundas son un reflejo de potencialidades ya presentes en nuestro interior, esperando ser descubiertas y cultivadas.

Cuando el cerebro experimenta placer, sus patrones de actividad se armonizan, optimizándose y manifestando una mayor coherencia y estabilidad. En estos momentos, ciertas regiones cerebrales se activan, incrementando la conectividad y mejorando la eficiencia general. Ibáñez explica que "al disfrutar, el cerebro interpreta esa situación como un entorno seguro, dedicando una porción ampliada de su capacidad a nuestro servicio". Es crucial comprender que la generación de pensamientos positivos demanda más energía cerebral que los negativos; sin esta energía adicional, tendemos a permanecer en un estado de mera subsistencia, limitando nuestro crecimiento. La buena noticia es que el cerebro es maleable y puede ser entrenado para producir la energía necesaria para cultivar la positividad. Una técnica sencilla que sugiere la neurocientífica es la visualización: cerrar los ojos y rememorar vívidamente una experiencia pasada llena de vitalidad, acompañada de música que evoca momentos alegres. Al lograr una visualización convincente, el cerebro, incapaz de distinguir completamente entre el recuerdo vívido y la realidad presente, altera su bioquímica, armonizando y equilibrando sus frecuencias. Este ejercicio transforma nuestra percepción, infundiendo un matiz más positivo a nuestros pensamientos, especialmente si se potencia con el acompañamiento musical adecuado.

La neurocientífica Ana Ibáñez subraya la trascendencia de cultivar la autoestima, un pilar esencial en el ámbito de la salud mental. Desde una perspectiva cerebral, la autoestima funciona como un mecanismo interno que evalúa nuestra conexión con el entorno, determinando si somos aceptados y valorados por quienes somos. No obstante, la experta enfatiza que no es necesario que la autoestima se mantenga en un nivel constantemente elevado. Los fundamentos de la autoestima se forjan en la infancia; sin embargo, en la edad adulta, poseemos la capacidad de reexaminar y modificar las programaciones cerebrales tempranas. Este proceso implica una introspección compasiva hacia nuestra niñez, analizando los factores que moldearon nuestra autopercepción y redefiniendo nuestros valores esenciales. Una autoestima saludable y adaptable se correlaciona con una óptima actividad en las regiones frontal y prefrontal derecha del cerebro.

En la era actual, la autoestima en la juventud enfrenta desafíos complejos, influenciada por la información omnipresente en las redes sociales, la presión social y un ambiente de constante competitividad. Ibáñez sugiere pautas para fomentar una autoestima robusta en niños, desvinculándola de sus acciones y centrándose en celebrar sus cualidades únicas, sus talentos individuales y lo que los hace especiales. En lugar de elogiar únicamente sus logros, se debe reforzar el mensaje de su singularidad: "Eres único en el mundo, y eso es un regalo maravilloso para quienes te rodean". Al percibir estos elementos fundamentales, los niños reciben un mensaje de afecto, aprecio y aceptación, pilares sobre los cuales se edifica una sólida autoestima. Esto no implica alabar indiscriminadamente cada acto, sino reconocer y celebrar la actitud, el esfuerzo y la persistencia que subyacen a sus consecuciones. Por ejemplo, se les puede elogiar diciendo: "¡Qué bien que te esforzaste en esto que te resultaba difícil!", o "Me alegra que, a pesar de tus miedos antes del examen, lograste superarte". Es fundamental erradicar mensajes que vinculen el amor a un mero intercambio condicional, basado en lo que hacen o dejan de hacer.

En el contexto de un mundo moderno donde el estrés es una constante, Ana Ibáñez introduce el concepto de hormesis como una estrategia de entrenamiento para afrontarlo eficazmente. La hormesis se refiere a la exposición voluntaria a niveles controlados de estrés, lo que prepara al cerebro para manejar mejor los inevitables estresores involuntarios, evitando así el colapso o el bloqueo. Un ejemplo práctico de hormesis que propone es finalizar la ducha con unos segundos de agua fría, una acción que, además de generar una leve tensión, revitaliza el cuerpo. A través de estas y otras prácticas, Ibáñez desvela un abanico de posibilidades para el desarrollo cerebral, recordándonos que somos seres en perpetua evolución y construcción.